Ese sufrimiento de los minutos finales fue la frutilla del postre que saboreó Gimnasia. No hubo fantasma que le sacara la posibilidad de gozar. Fue mejor que Estudiantes casi de punta a punta. Lo ató, lo llevó a su terreno, lo encerró, le quitó aire. Así le puso las bases a la construcción del sueño. Lo demás, lo que más se aprecia con la vista, vino en forma de goles. Quedó para el epílogo la prueba de pasar la tormenta: esta vez, el techo no falló.
El equipo de Cocca sabía que debía jugar al máximo de su capacidad para revertir el favoritismo rival. Con esa consigna fue cumpliendo las premisas paso a paso. Primero, sacarle la pelota. Lo logró de movida por presión y la enorme imprecisión (salvo Verón) de los volantes de buen pie de Estudiantes. Saber qué nació primero entre las dos circunstancias es una discusión semejante a la del huevo y la gallina, pero el asunto es que el Lobo contó con ese ítem. Así, el primer tiempo salió cortado, trabajado e incómodo. La posición de la Bruja, retrasado por la ausencia de Braña, le impidió ser el bastonero del ataque. Pero eso no justifica el flojo partido de Pérez, Carrusca, Sosa y, en menor medida, de Benítez.
Para el desafío de manejar el juego, Luciano Aued sacó credenciales. Ausente contra Godoy Cruz, el zurdo le sirvió para organizar el juego a Cocca. Si en las calificaciones no contaran los goles, hubiera sido la figura. Ormeño fue buena opción pasando por la derecha para disimular un trabajo desteñido de Encina. Con eso y alguna aparición de Villar, Gimnasia no fue una tromba pero superó a Estudiantes en la variante en la que se suponía tenía mayor desventaja. La rebeldía visitante llegó muy al final, con el orgullo herido y el corazón en la mano, pero las ideas confundidas.
El punto tres hablaba de aprovechar las chances. Y a pesar del penal que Orión le sacó a Stracqualursi, el Lobo tuvo un porcentajre alto de efectividad: metió más goles de los que erró. El Pincha, en cambio, no inquietó a Sessa hasta el cuarto de hora final. En el primer tiempo la mejor fue un mal rechazo de Maldonado que casi sorprende al Gato. Y en el segundo, ya un gol abajo, tardó media hora en revolcar al arquero en un intento de Desábato. Es cierto que el temporal final le dio una efímera expectativa de empate, pero ya era demasiado tarde para el milagro. Había caído en la boca del Lobo.



LEONA TONTA COMO TE COJI EN EL BOSQUE. P3RD1STE?