El dato, significativo, resume el terreno perdido: cuando el campeón de América le ganó a Boca, hace apenas cuatro fechas, le sacó una diferencia de 11 puntos. Hoy, el equipo de Basile está a sólo tres, producto de su recuperación, es cierto, pero también de aquello que Estudiantes no pudo cosechar. El por qué de esta situación parece sencillo: un punto de los últimos nueve. Pero sí resulta extraño de explicar a partir del merecimiento: porque por lo menos el equipo de Sabella debió lograr la mitad de esos puntos. Sacando el choque contra Argentinos, en el que más allá del gol polémico nunca le encontró la vuelta al partido, contra Lanús hizo un primer tiempo de más goles que el que marcó Carrusca y ayer mismo, en el Coloso, debió ponerse 2-1 antes que su rival. Y en todo caso, bajo ningún punto de vista mereció perder.
Por esto, y por el gol que erró, no podrá dormir el Chelo (ni Sabella, ni muchos de muchos, ni nadie). Está claro que esa jugada hubiese cambiado el mapa del partido, pero la realidad es que sería quedarse sólo en una parte del problema. También Boselli falló el empate, tampoco Salgueiro logró resolver las suyas y otra vez fue un volante (Benítez) el que sí pudo marcar. La realidad es que, como dijo Albil, Estudiantes tiene algo muy importante: juego y llegadas. Ayer lo ratificó. Pero le falta algo tan imprescindible como esa parte: quien la meta. Que Pachorra hace rato esté buscando otro delantero con gol para el Mundial de Clubes muestra que su diagnóstico no es caprichoso. Sin crucificar a nadie, es tiempo de que le hagan caso



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