Estudiantes tiene claro el rumbo que sí extravió Boca. Brindó otra gran lección de fútbol y está solo arriba

A esta altura Estudiantes no tiene que rendir ninguna prueba ni exponerse a cualquier examen. Razón por la cual solo tuvo que tirarle encima a un desconcertante y desconcertado Boca Juniors toda su capacidad individual y colectiva para ganarle con total propiedad anoche en Quilmes y, ahora sí, en absoluta soledad, mirarlos a todos desde los más alto de la tabla.

Un gol de José Luis Calderón, en el inicio del partido, y otro de Enzo Pérez, en el arranque del complemento, a poco de que Martín Palermo estableciera un transitorio 1-1, sirvieron para sellar una victoria ampliamente justificada en el juego por Estudiantes, aunque sin dudas que exigua en lo que hace al resultado.

Sencillamente porque las diferencias fueron muy amplias entre un equipo que juega de memoria, con simpleza y efectividad, y que todo lo hace en un ambiente de sacrificio, solidaridad e inteligencia, y otro que anda a la deriva, sin timón, y que se muestra errático y confundido dentro de la cancha, con falencias muy notorias en todas sus líneas.

La diferencia que existe en la tabla: Estudiantes (16) y Boca (5) se trasladó al campo de juego, y desde el arranque, en donde el equipo de Alejandro Sabella marcó clarísimas diferencias en todos los aspectos del juego pero que por esas cosas que tiene el fútbol no pudo plasmar en el tanteador.

Un perfecto tiro libre ejecutado desde la izquierda por Leandro Benítez con pierna zurda, pasado al segundo palo, encontró la entrada solitaria de Calderón. El balón rebotó en sus rodillas y se metió arriba, ante un sorprendido y estático Abbondanzieri.

Iban 11 minutos y ya la brecha entre albirrojos y xeneizes era muy grande. Boca debía apelar a brusquedades en el medio para frenar el arranque de los volantes locales, mientras que la gente del fondo se veía absolutamente desbordada por las apariciones de los laterales albirrojos, la movilidad de los delanteros pero, más que nada, por esa gran virtud que tiene Estudiantes de manejarse con velocidad y precisión, en donde los cuatro volantes dieron ayer cátedra al respecto.

En ese primer tiempo Damián Albil fue un mero espectador, y como frente a Independiente días atrás en ese mismo escenario, quedó la imagen de que de haber estado más fino en la definición (Salgueiro, otra vez, se mostró impreciso) se hubiera ido al descanso con una diferencia más generosa.

Pero hay que ponerse en la piel de los jugadores boquenses, hoy inmersos en una crisis muy profunda que afecta a todos los niveles del club. Pero esencialmente cuando enfrente tiene a un equipo que juega de memoria, que toca en velocidad y precisión, que llega por todos lados, que puede romper por abajo o por arriba y que juega casi de memoria y con una solidaridad e inteligencia digna del mejor elogio.

Y porque sencillamente esto es fútbol, a los 5' del complemento Palermo tomó de aire una pelota en el vértice izquierdo del área grande y cruzó un zurdazo letal al palo izquierdo, imposible para Albil.

Pero este Estudiantes está hecho de tan buena manera que ese golpe ni lo inmutó siquiera. Porque le respondió con una gran jugada por izquierda tres minutos después, se encontraron Salgueiro y Calderón, la pelota se abrió hacia la derecha y Enzo Pérez, de gran partido, cruzó un derechazo alto al palo derecho que superó la oposición de Abbondanzieri.

Otra vez con las riendas del partido en sus manos, Estudiantes pasó a trabajar el trámite. Boca le tiró lo poco que tenía y que le quedaba en el cierre, pero ni siquiera hizo tambalear el triunfo al ahora único puntero e invicto del Apertura.

Hay que rendirse entonces ante las evidencias, y rendirle pleitesía a este Estudiantes que hizo ayer leña del árbol caído, es cierto, pero dando otra función de gala desde lo futbolístico. El gran control de pelota que tuvieron los volantes, la muy buena movilidad de los delanteros, la llegada de los laterales y la solvencia de los del fondo, puso al rival frente a todo un galimatías que, por supuesto, no pudo resolver en los 90 minutos.

Estudiantes resolvió con otra gran actuación este compromiso por la sexta fecha, superó a un Boca extraviado es cierto, y si aprovecha etre envión y este notable rendimiento, no le costará nada ponerse otra vez el traje de gran candidato, aunque queda un largo trecho todavía por recorrer.