Estudiantes, al final, se llevó lo que había merecido
Le costo definirlo pero fue superior a un Rojo desteñido

Si la historia la escriben los que ganan dirá, con respecto al partido de anoche en el estadio Centenario quilmeño, que el resultado no estuvo para nada reñido con la justicia.

Que hubiera sido sí una injusticia si, por ejemplo, Independiente se hubiera llevado un empate al que se aferró casi con desesperación en el segundo tiempo, cuando el local lo superó claramente en lo que hace a juego y situaciones de gol.

Estudiantes, este Estudiantes, está hecho de acero inoxidable. Sencillamente porque es capaz de soportar las situaciones más criticas, como el haber desperdiciado tantas situaciones de gol, producto de que careció de la necesaria justeza en el último pase hacia la red, y también el de haberse quedado sin Verón casi en el amanecer del segundo tiempo.

Por si fuera poco todo esto, también el equipo de Alejandro Sabella supo acomodarse a otras cuestiones del juego propiamente dicho, como los fallos erróneos del árbitro Carlos Maglio, que ignoró dos claros penales en perjuicio de Juan Manuel Díaz primero, y Leandro Desábato después, todo en el primer tiempo.

Y no se debe pasar por alto además, en este equipo serio, persuadido y compacto que es el albirrojo, y a quien adornan otros cuestiones no menos importantes como la capacidad individual y colectiva, superó la mala noche del uruguayo Juan Manuel Salgueiro, que se perdió tres goles cantados, y aquel golpe impensado que le dio el Rojo, que en su primera llegada le empató en el primer tiempo.

Independientemente de que el rival lo contragolpeó con cierta pimienta en el arranque del partido, lo cierto es que Estudiantes tiró sobre el césped quilmeño su incuestionable capacidad, y en la primera jugada bien hilvanada, que se gestó a los 180 segundos, tras una habilitación de Salgueiro, Boselli, de espaldas al arco, giró y, de zurda, clavó la pelota contra el palo de la mano derecha de Hilario Navarro.

La respuesta de la visita no se hizo esperar, porque a los 10' Acevedo, desde la derecha, ejecutó un córner que alguien alcanzó a peinar en el primer palo y por el segundo, lanzándose en palomita, con un cabezazo, Gandín puso la pelota abajo, contra el palo derecho de Albil.

Estudiantes, que siempre estuvo convencido, siempre fue al frente sabiendo que, por decantación, otra vez iba a ponerse arriba. Asimiló el gol de Gandín, se apoyó en su capitán Verón, en la capacidad de manejo de Benítez y en el ida y vuelta por el costado del uruguayo Díaz, más el empuje de Boselli, para seguir construyendo su destino y corregir también sobre la marcha el desconcierto que en algún momento flotó en el equipo.

Y también soportó a pie firme algunas incursiones de contra de Independiente que ciertamente arrimaron inquietud.

La Brujita, que no andaba bien físicamente, salió a los 14' del complemento. Lo reemplazó Carrusca, y si bien pareció que extraviaba la brújula en cuanto a juego y cerebración, sacó de adentro todas aquellas virtudes que le son tan propia y que, al final, le permitieron cambiar el destino del partido.

Es que el equipo de Gallego, sin tapujos, se replegó groseramente en el segundo tiempo, resignó prácticamente toda chance de ataque bien elaborado para aferrarse a un inconsistente "pelotazo a cargar", y lo esperó en su propio campo al local.

Y Estudiantes le tiró todo su repertorio de búsqueda. Absolutamente todo. Soltó laterales. Mandó a los volantes. Apuntalaron también los del fondo. Intentó por arriba y por abajo. Pero no estuvo fino en el último pase y, hasta que se fue lesionado, Navarro solamente tuvo problemas con los remates -todos sin dirección- que ensayó Salgueiro desde posiciones claras de gol.

Pero los minutos corrían y esa superioridad tan manifiesta no se veía plasmada en el resultado. Y fue entonces cuando, se le estaba escurriendo de entre sus dedos dos valiosos puntos, Sabella mandó al campo de juego a Morales Neumann en lugar del Salgueiro.

Y el mendocino, sobre el final, cuando su superioridad era abrumadora, el mendocino hizo una gran jugada por izquierda, entró al área y sacó un derechazo cruzado. Gabbarini dio rebote, los defensores no la pudieron sacar de ahí y Juan Manuel Díaz le entró como venía, la pelota pegó en el palo derecho y entró.


Esa fue la diferencia de un equipo que quería ganar y otro que se había abrazado al empate. Fue el premio a la búsqueda y a la perseverancia, al trabajo de varios jugadores -Díaz, Benítez, Verón, Braña, Pérez- y al atrevimiento de un refuerzo a quien muchos consideraron una mera incorporación.

Independiente, con muchas limitaciones tanto para defenderse como para generar juego, tuvo que claudicar ante un equipo a quien la justicia le demoró 87 minutos, pero que llegó para poner en su justo lugar lo que expuso uno y otro, en un partido vibrante y emotivo.

Diario El Día