Desde el arranque mismo del partido esa brecha futbolística entre local y visitante quedó tan palpablemente establecida que no se esperaba otra cosa que lo que finalmente ocurrió en el Estadio Ciudad de La Plata, copado ayer por 40 mil enfervorizados hinchas albirrojos.
La diferencia quedó plasmada tanto desde lo táctico como de lo estratégico. Lo temperamental y anímico, ayer, jugó un rol fundamental. Y ni hablar de lo individual y lo colectivo. Y desde el vamos pudo Estudiantes haber arrasado con un rival mal parado, desconcertado, impreciso y en extremo nervioso, todo lo cual lo llevó a cometer errores muy notorios, casi de principiante.
La confianza y la solidez del local fue demasiado para un Gimnasia errático, impreciso y errado tácticamente. Tantas falencias bien lo pudieron precipitar a una derrota más abultada, y el 1 a 0 con que se cerró el primer tiempo estuvo reñido absolutamente con la justicia.
Pero ya había hecho méritos el equipo de Sabella para estar en ventaja con cabezazos de Boselli y Salgueiro, y tras la conquista existió otro cabezazo de Cellay que exigió al capitán mens sana y un tiro potente de Pérez que también tapó Sessa.
Gimnasia, con tantos problemas atrás y en el medio, no inquietó nunca a Albil. Rinaudo no hacía buen pie en el medio, González debía auxiliar a todos, Romero no entraba en juego ni pesaba por derecha y algo similar ocurría con Aued por el otro costado. Lo de Estudiantes era práctico y efectivo. Controlaba todo, aceleraba y desaceleraba de acuerdo a las circunstancias, porque la diferencia futbolística se lo permitía.
Una escapada de Ormeño por derecha con centro pasado al segundo palo en donde no llegó Vizcarra, fue la única aproximación de los mens sana que, impotentes y nervioso, se fueron al descanso con la mala noticia de estar perdiendo (la buena, que por un solo gol de diferencia), con cinco amonestados (producto de los nervios y la impotencia) y un rendimiento colectivo más que preocupante.
El complemento devolvió un mejorado Gimnasia. Se hizo de la pelota, se desplegó mejor en ataque y, con dos cabezazos de Teté González, bien resueltos por Albil, marcó cierta presencia.
Verón, con una molestia muscular, dejó su lugar a Sánchez, y pareció que Estudiantes había extraviado un tanto la brújula. Parecía que llegaba el momento de la visita porque Ormeño, con un tiro largo, puso en serios aprietos al golero local y, con el ingreso de Messera, daba la sensación que a la historia del clásico se le podía agregar un capítulo de suspenso y emotividad.
Pero a los 23' Salgueiro escapó por derecha y metió un centro bajo al segundo palo que Boselli, con un puntazo bajo al palo derecho, transformó en el segundo gol de su equipo. Y todo retornó a la normalidad.
Otra vez los desacoples defensivos de Gimnasia (jugaba con línea de tres) tenían su gravitación en el partido y el resultado, aunque en el tercer gol el mérito fue de un equipo que, desplegado en ataque, sabe bien lo que debe hacer.
Porque Benítez puso un buen pase a la derecha, Boselli, en off side, no intervino, pero apareció Pérez entrando desde atrás para dominar la pelota, burlar a Sessa con gambeta hacia la derecha y luego tocar al gol con todo el arco a su merced.
Tras cartón se fue expulsado Ormeño, por golpear a Benítez, y no hubo para más. Ya el clásico 146 estaba sentenciado. Le faltaba solamente el regístrese y archívese, que llegó justo en el minuto 90, cuando el árbitro Beligoy pitó el final.




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31 ago 2009 | 10:11 PM
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