Estudiantes llegó a La Plata con la Copa: multitudinario festejo

Cuando la caravana bajó la Autopista, comenzó el tercer capítulo del largo viaje que hizo el flamante Campeón de América, desde Ezeiza. Faltaban pocos minutos para las 20 y la multitud que desde varias horas antes esperaba sumarse a los festejos, que habían comenzado el miércoles, explotó en gritos de celebración. Las banderas flamearon lo más alto posible, cada hincha saltó tratando de tocar el cielo... Las camisetas, los gorros y las bufandas pintaron de rojo y blanco un camino en el que asomaron familias completas saludando desde las veredas el paso de Estudiantes, el nuevo Rey de América.
Muy lento avanzó el micro descapotado, tanto que recién a las 21.15 los campeones llegaron a la rotonda de 7 y 32. Con los héroes del Mineirao festejando como verdaderos hinchas, saludados por fanáticos de todas las edades que miraban agradecidos, la caravana continuó por la calle 32 su camino en dirección a Plaza Moreno, donde otros miles de fanáticos, también delirando de alegría, esperaban el arribo de Juan Sebastián Verón, Alejandro Sabella y todos los que hicieron posible la conquista de la cuarta Copa Libertadores de América por parte de la entidad Pincharrata.
La presencia policial no logró acelerar la marcha, pero eso a nadie le importó. Para nada. Todo lo contrario, era la mejor forma de prolongar un festejo que va a quedar grabado en la memoria de todos aquellos hinchas que de una u otra forma fueron testigos de la obtención de una Copa que tuvo como eje a Juan Sebastián Verón, hijo de aquel "11" que a fines de la década del '70 resultó fundamental en la obtención de las primeras tres Libertadores y la Intercontinental del '68.
El micro continuó siendo una verdadera tribuna, desde la cual bajaron todos los cantos que hizo popular la hinchada durante el transcurso de la Libertadores. Y contagiaron al resto, a los hinchas que acompañaban dándole un marco increíble a la postal del Estudiantes campeón, que se extendió por calle 7 con muchísimo público incorporándose a cada metro.
No se había completado todavía el periplo, y eso que eran las 22, un par de horas después de la bajada de la Autopista, cuando desde la parte posterior de la Municipalidad comenzaron a copar el cielo fuegos artificiales que renovaron el fervor de los fanáticos que, desafiando la cada vez más baja temperatura, continuaban firmes a la espera del equipo que seguía saltando y cantando arriba del micro que pasaba más tiempo detenido que ganando metros.
Al desembocar en Plaza Italia, la caravana dobló por diagonal 74 y se dirigió a la Municipalidad, edificio al que ingresó por calle 11 cuando eran las 22.50. Tres horas tardó la caravana desde la bajada de la Autopista hasta la Muni. La Brujita bajó con la Copa y el resto, la mayoría de rojo y blanco, lo secundó. Respondieron preguntas a la pasada.
"No nos imaginábamos algo así, todavía no caigo", dijo Enzo Pérez. "Gracias a estos jugadores estoy en el Olimpo de este club", reiteró Alejandro Sabella, quien consultado sobre el Mundial de Clubes que jugará Estudiantes explicó que "primero tenemos que descansar, después hacer la pretemporada, luego vendrá el campeonato Apertura y a continuación si, el Mundial". "Es algo inexplicable", dijo por su parte Juan Sebastián Verón con la voz que le quedaba.
Los esperaba el intendente Pablo Bruera para distinguirlos con una plaqueta, y minutos más tarde mostraron la Copa por el balcón de la Municipalidad decorado con una bandera roja y blanca. Ante el delirio de unos 50.000 hinchas, algunos colgados de los árboles para estar lo más cerca posible del escenario central. Cantando y haciendo flamear las banderas dieron rienda suelta a la emoción. Habló la Brujita, como pudo, y enseguida entró en escena su padre, a quien abrazó con sentimiento.
Más aplausos, más emoción, más fuegos artificiales. Y el reconocimiento para todos... Sabella, Boselli... De nuevo, como en el Mineirao, el recuerdo para Edgardo Prátola, el Ruso. Juan Sebastián Verón se mostró siempre con una camiseta en su memoria, y la gente le rindió su homenaje. A partir del improvisado discurso de Sabella, también se ovacionó a Carlos Bilardo con el tradicional "borombombom, borombombom, es el equipo del Narigón".
Aplauso final para los grandes protagonistas del Mineirao y nada de rápida desconcentración. No, la gente continuó celebrando hasta la medianoche de un día verdaderamente inolvidable.