La buena, la regular y la mala. Igualmente, en el balance general, su envergadura de equipo le permitió sacar adelante un partido con alternativas cambiantes, que tuvo muchas emociones y vibración.
Lo que había arrancado con los mejores auspicios y que había enfilado a Estudiantes hacia una victoria sin sobresaltos, a partir de una producción que había ido de menor a mayor y que Enzo Pérez, iluminado, rubricó con dos golazos (primero le dio de zurda desde fuera del área, la pelota pegó en el palo derecho y se metió; y en el segundo empujó entrando por el medio un centro perfecto de Salgueiro desde la izquierda), de pronto se eclipsó.
Argentinos, en cuatro minutos, y en el despertar del complemento, le desnudó muchas imperfecciones al equipo albirrojo, especialmente del medio hacia atrás, y le empardó el partido.
Una buena definición de Gabriel Hauche entrando por la izquierda bien asistido por Prósperi y rematando cruzado al palo izquierdo ante la salida de Andújar, puso en partido a la visita. Y enseguida, tras una estupenda jugada individual, Peñalva se fue corriendo de izquierda al medio superando marcas para ponerle un centro justo a Pavlovich para que, de cabeza, colocara la pelota contra el palo izquierdo de Andújar.
Estudiantes, que en trece partidos le habían marcado tres goles, anoche en cuatro minutos le hicieron dos. Fue un momento de dudas y de confusión. Además, pareció que el local flaqueaba físicamente en la misma medida en que Argentinos, entonado, iba por más.
Pero el equipo albirrojo tiene un plus que muy pocos otros pueden exhibir. Porque cuando lo apretaban y no le dejaban hacer, el capitán Verón sacó un remate largo hacia la valla, la pelota rebotó en el palo derecho y cayó en los pies de Pérez que, con todo el arco a su disposición anotó el tercero de su cosecha personal.
Después entró a tallar el técnico Sabella que, evidentemente, tiene una lectura propia de cómo resolver, y cerrar, partidos complicados. Sacó a relucir su actitud conservadora y, de a poco, fue sacando a los delanteros para agregar volantes, incluso sacó a un volante (Benítez) para poner un defensor (Iberbia), corriendo el riesgo de tener que defenderse muy atrás y cediéndole la pelota al adversario.
Fue un riesgo. Evidente. Y Argentinos, herido, se le fue a las barbas, y de no mediar las intervenciones arriesgadas de Andújar (tuvo tres mano a mano en el último cuarto de hora y en todas se impuso), hubiera corrido peligro no haber redondeado -su entrenador- llegar a los catorce partidos invicto.
La visita le llegó con claridad siete u ocho veces, le marcó dos goles, y le desnudó imperfecciones que no pudieron ser subsanadas ni con los cambios ni con las variantes posicionales, caso el trueque entre Angeleri y Cellay.
Pero se prefirió luchar el 3-2 más cerca de su arquero que veinte metros más adelante, aunque resultó evidente que en algunos jugadores se nota cierto cansancio físico.
Así y todo Estudiantes sigue sumando y lo de anoche pudo haber sido una lección que puede ser importante asimilar para afrontar lo que se viene, el próximo jueves, en Montevideo.

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