La ley de la selva.
El León platense se acercó a la Copa 09 ante un Tigre que quedó a dos de Boca.
El peso de la punta es una marca abstracta, una forma de decir que hace fácil la comprensión del sacudón allá arriba, del abismo del liderazgo. Tigre se apunó, una vez más, en las alturas de la tabla. La Plata, claro está, se encuentra sobre el nivel del mar. Pero en el Unico, el único que asomó las garras fue Estudiantes. En 32 y 25, en esa selva de cemento tupida de rachas (45 partidos sin perder), el Pincha hizo tangible la ley de la selva. A falta de lobos, el León se afiló al Tigre, hasta anoche Matador. Le estocó un 3-1 que fue más que un triunfazo. El finalista de la Sudamericana (casi) se aseguró un Libertador 09. A su derrotado sólo le aseguró Valium...
Fue Verón quien derrotó a los de Victoria, quien le dio la bienvenida a la jungla, a ese desgaste de pelear por la gloria hasta el final. Fue un tiro libre no tan embrujado que Islas dejó pasar. Como si fuera una chance de seguir en la cima. Fue Estudiantes quien jugó, con sólo 20 minutos de tiqui tiqui, el mejor primer tiempo del semestre. Ese fútbol tan suelto como seguro que no evidenció en la Copa. A Tigre le faltó todo eso que lo puso ahí, lleno de expectativa. Y más allá del regalito del arquero, sus penas fueron más allá del arco. Estuvo desconocido, benefactor. Cagna lo sabe. Su equipo no presionó. Castaño olvidó el pressing en la pizarra y Juan Sebastián jugó solo, a un toque para hacerse intocable (aunque generó dos amarillas). Tanta libertad lo hizo partícipe en la baqueteada área visitante de una magnífica jugada colectiva que terminó en su asistencia a Moreno y Fabianesi para el 2-0 parcial. Definitivamente, el Pincha estaba inspirado.
Rusculleda por el caliente Rosano fue el volantazo de Tigre, a los 40', para intentar descontarle a Estudiantes los siete puntos de ventaja en la lucha Conmebol. Pero sobraron centrazos para Lazzaro, el mejor del equipo, el más silbado de la cancha. A esa pobre costumbre se resignó, con Morel ausente sin aviso y cerquita de la expulsión... Aquel gol tempranero pudo haber pesado más que la punta. Quién sabe. Pero ni el 4-3-3 final pudo maquillar sorpresivas limitaciones. Aun con un León retrasado, Verón se las rebuscó para asistir con pases kilométricos a puntas sin puntería. Quería ganarlo. Quería golearlo. Quería jugar la Libertadores. Hasta iluminó a Leandro Benítez, su reemplazante, quien la colgó de un ángulo. El Chino Luna, sobre la hora, apenas si sumó para el Gran DT... A dos puntos de Boca, la historia ya comienza a leerla de otro modo. A tres días de enfrentar al Inter brasileño, el cuento de la selva paga en reales...

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¡Aguante el Pincha!


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