Más de 40 mil personas fueron testigos de la fiesta de los campeones. Los jugadores fueron presentados al mejor estilo NBA, y todo se desarrolló en un clima de mucha alegría
Fuegos artificiales, música y hasta una murga. La fiesta de Estudiantes contó con todos los condimentos posibles. Una vez más, el estadio Ciudad de La Plata fue el epicentro de la alegría que desató la obtención del título en el pueblo pincharrata. Los jugadores estuvieron a la altura de las circunstancias y todo terminó siendo el mejor reconocimiento al logro obtenido.
Desde muy temprano, la gente se volcó al gigante de 25 y 532. La expectativa era grande, y las ganas de ver al campeón, aún más. Se trataba del primer partido de Estudiantes en nuestra ciudad, luego de la final con Boca. Y el público no faltó a la cita. Tal como había sucedido la noche de la consagración, las gradas del Estadio se vieron colmadas de camisetas rojas y blancas, color preponderante en toda la jornada. Cerca de las 20.00 los jugadores del Saint Gallen, testigos privilegiados de una fiesta ajena, salieron a reconocer al campo de juego. Asombrados por la situación, no paraban de sacar fotos. “En Suiza no se encuentra”, dice a la pasada Marcos Gelabert, rememorando un viejo comercial de botines de fútbol. La tarde iba cayendo, y las luces del Estadio permanecían apagadas. Era parte de la sorpresa. La luna empezaba a brillar cada vez más fuerte. Crecía el suspenso. Algunos se animaban a anticipar lo que vendría, pero nadie acertaba. Pasaban los minutos, y la ansiedad iba en aumento. Recién a las 20.49, se encendió la pantalla gigante que habían colocado en el Estadio. Era el inicio de la fiesta. Una luz incesante dibujaba el mapa de la República Argentina. Luego el de la provincia de Buenos Aires, y más tarde el de La Plata. Allí, una estrella se sumaba a otras siete, que indicaban todos los campeonatos ganados por el Pincha en el pasado. Una voz acompañaba el espectáculo. Desde las tribunas, la emoción invadía a más de uno. Pero faltaba lo mejor. Pasadas las 21.00, uno a uno fueron desfilando los jugadores, que terminaron formados en un escenario montado en el medio de la cancha. La ovación más grande, claro, fue para la Brujita Verón. El Cholo Simeone no se quedó atrás, y el cuerpo técnico también recibió su merecido reconocimiento. Todos recibieron una medalla, y lugo se abocaron a dar la vuelta olímpica, con el cálido respaldo de los 40 mil simpatizantes que invadieron el estadio Ciudad de La Plata.
Finalmente, llegó el turno de la murga, la música de Los Confites, y una artillería nunca vista de fuegos artificiales que iluminaron el cielo de la ciudad. Esa que hoy, al igual que ayer, disfruta a la par de Estudiantes, que una vez más, está en lo más alto del fútbol argentino.



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