A los 36 años, el goleador está vigente: no acusa lesiones y es un ejemplo de contracción al trabajo. Igual, prefiere que lo recuerden por ser una buena persona.

En la cancha de Belgrano y en el predio de La Tablada, la imagen se repite y asombra. Ni el sol hiriente ni la humedad asesina pueden detener a José Luis Calderón. El goleador de Estudiantes de La Plata, a los 36 años, marcha primero en el pelotón del plantel campeón, por delante inclusive de esos juveniles que podrían para ser sus hijos.

"¿Qué lo mueve a ese tipo? ¿Por qué tanto empeño?", son las preguntas que disparan verlo con esa predisposición a un jugador que tranquilamente podría estar desparramado en un sillón mirando los tapes de cada uno de los 247 goles que lleva anotados.

"Caldera" llegó al hotel Sheraton con el mismo cansancio que el resto de los jugadores de Estudiantes. Podría haber pasado de largo, como lo hizo el resto de los compañeros, quien le hubiera dicho algo. Pero Caldera reparó en la requisitoria de La Voz del Interior y un rato después, ya estaba respondiendo sobre su vigencia y contando parte de su historia de vida.

"Me siento muy bien. Tengo el mismo hambre que tenía a los 7 y 8 años, en los que no tenía un plato de comida. Lo valoro muchísimo. Porque nadie te regala nada. Y lo que uno tiene, es porque se lo ganó en buena ley, lo trabajó. Y esto que conseguí no lo quiero perder así no más. Lo cuido como oro. Ahora, viene el partido con Belgrano y saldremos a jugar con todo, con el estilo de Estudiantes", avanza ‘Caldera’, quien si todo va bien jugaría para "el Pincha", la Copa Libertadores 08, con 37 años.

¿A qué hace referencia, ‘Caldera’? A la infancia brava que tuvo y en la que no siempre había para comer. Y el ex atacante de la selección siempre lo ilustra con la siguiente anécdota: "Hace unos años fui con mi pibe a una compra venta de un amigo de la infancia, en una villa. Llegué, se armó un lío bárbaro, nos fuimos a tomar unos mates. Y ahí, entonces, el dueño me dijo que no tenía sillas. "Pasame un cajón", le dije. Al rato mi pibe pidió una gaseosa y mi amigo me dijo que no tenía vaso de vidrio. ‘Que tome del pico’, le contesté".

Y, luego, el final de la historia. "Cuando nos fuimos, mi hijo me dijo: ´Papá, son muy pobres´. Paré el auto, lo miré y le respondí: ‘Escuchame una cosa, ¿qué te pensás que sos?, ¿millonario? ¿Sabés dónde vivía?’, le dije. Lo llevé a la villa. Y le mostré mi casa, con el baño a 30 metros. Ahora, se adapta a todo", cerró el ex Nápoli.

–¿De qué manera defiende lo que logró?

–Mejorando y aprendiendo día a día. El jugador de fútbol pasa, pero queda la persona. Y yo prefiero que se diga "Calderón no era buen jugador, pero como persona 10 puntos". Y eso es lo que queda, porque en algún momento vamos a dejar de ser futbolistas. Y eso va a quedar.

Caldera se sigue planteando desafíos y todo lo resuelve con su olfato y perseverancia. Por ejemplo, su vuelta a Estudiantes fue un sueño cumplido para su hijo Lucas, quien solamente lo había visto en videos. Y vino con yapa ya que en el nuevo debut, le convirtió un gol a Gimnasia (LP), en el 1-0 del Apertura 05, en el último clásico le anotó tres más y, luego, fue campeón. "Disfruto cada gol como si fuera el primero", asegura.

–¿Y que hace para mejorar? ¿Patea mil tiros libres como Zárate o se queda después de la práctica?

–No me quedo y tampoco creo en el tema de ensayar tanto. Vos en un entrenamiento la podés parar y podés patear 20 mil tiros libres y la ponés al ángulo. El día del partido, vas a patear y no la hacés. Y con los penales, iguales. Podés patear a colocar o fuerte, mirando al arquero. El día del partido con la gente atrás, por los puntos, el arco se achica, te olvidaste de todo lo que hiciste en la semana. Podés mejorar algo, pero la realidad es el momento, en qué situación estás, las responsabilidades. Sí hay que ser serio en los entrenamientos como en el día de partido.

–¿Cambiaron las prioridades para el jugador?. ¿Hoy es más importante irse afuera que jugar en la selección?

–Hoy no es prioridad la selección. Antes, para irse al exterior, era necesario pasar por la selección. Y hoy hay jugadores que no han pasado por la selección y se han ido afuera. Se perdió el respeto y el cariño de jugar en la selección. Más allá de una venta y lo que eso genera, la alegría mayor es ser elegido para vestir al camiseta de Argentina. Eso no se puede desaprovechar.

–¿Usted se ilusiona todavía?

–No. Me siento bien, pero hay muchos jugadores y jóvenes. Pero si hago las cosas bien para mi equipo, por ahí para un amistoso puedo aparecer. Pero sinceramente hay otros jugadores que están mejor.

–¿Cree que Juan Sebastián Verón está para la selección?

-Más allá de ser un amigo, a Verón no se le reconoció lo que dio en la selección. Tras lo que ocurrió con la eliminación en Japón se buscó a algunos responsables y se apuntó a él. Fue exitoso su paso por Europa y después de castigarlo, muchos se dieron cuenta que podría haber estado en Alemania. Ahora ya le preguntan cada vez más si va volver a la selección. Y te aseguro que Verón se brindó al 100 por 100, en todos los partidos. En Estudiantes, demostró puede.

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