El caso de Juan Ramón y Sebastián es inédito en el fútbol argentino: nunca padre e hijo tuvieron tanta influencia para que un mismo equipo ganara un campeonato en épocas diferentes. En los otros cuatro casos, los hijos tuvieron una trascendencia mucho menor
Dos generaciones, un mismo apellido, un mismo club y un final repetido: la vuelta olímpica. Los Verón son un caso inédito en el fútbol argentino. Nunca antes se había dado que padre e hijo tuvieran tanta importancia en la coronación de un equipo como campeón en diferentes épocas.
Juan Ramón y Juan Sebastián Verón representan como pocos a Estudiantes de La Plata. Su esencia, su forma de ser, los campeonatos. Todo resumido en una familia que llevó los
colores rojo y blanco a lo más alto.
No hay ningún otro caso de padre e hijo que hayan vestido la camiseta de un mismo equipo y que hayan tenido semejante influencia en la coronación en Primera.
La Bruja, nacido en La Plata, fue multicampeón con el Pincha. Debutó en 1962 y jugó diez temporadas ininterrumpidas, hasta que fue transferido al Panathinaikos de Grecia, donde jugó hasta el ‘74. Luego volvió al club en el ‘75 y, tras pasar por el Junior de Barranquilla y Cucuta de Colombia, se vistió otra vez de rojo y blanco en el ‘81 y el ‘82.
Entre sus títulos están el Metro ‘67, tres Copas Libertadores, la Intercontinental y la Interamericana. Y fue una de las grandes figuras de aquel equipo de Osvaldo Zubeldía, al punto que convirtió goles en muchas finales. El más recordado es el que anotó en Old Trafford contra Manchester.
Sólo por torneos locales, Juan Ramón marcó 78 goles, y hay que sumarle una pila que anotó en el plano internacional.
Sebastián, la segunda generación de los Verón, no sólo heredó la pasión por Estudiantes y el fútbol. Como si fuera un legado de sangre, adoptó como propio el apodo Brujita.
Luego de formarse en las inferiores del club, Seba apareció en Primera en una temporada fatídica: ‘93/‘94. El Pincha se fue al descenso, pero ese pibe de apenas 19 años se puso el equipo al hombro durante el Nacional B y rápidamente se logró el ascenso. Desde entonces su carrera fue meteórica.
En Boca conoció la fama, en Sampdoria y Parma se presentó ante el mundo, en Lazio ganó su primer campeonato, y en Manchester se alzó con todos los laureles. Pasó sin demasiado éxito por Chelsea y luego volvió a festejar con el Inter. Hasta que decidió regresar al club de sus amores.
En tan sólo seis meses, la Brujita consiguió lo que para otros tardaría años o toda una vida: ganar un campeonato. Lo hizo con la cinta de capitán en el brazo y conduciendo futbolísticamente al equipo del Cholo Simeone.
Los Verón son de Estudiantes. Y son campeones. Una historia marcada por el éxito y los laureles. Como
pocas en el fútbol argentino.
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