El "cholo", raro fenómeno del fútbol argentino. Pasó abruptamente de jugador a entrenador en Racing Club y de allí saltó a Estudiantes. Hoy es el mejor director técnico de la actualidad.
LA PLATA. Diego Pablo Simeone se convirtió en este 2006 en un raro fenómeno del fútbol argentino, ya que pasó abruptamente de jugador a entrenador en Racing Club y de allí saltó a Estudiantes de La Plata para convertirse en el mejor director técnico de la actualidad. Este Estudiantes que lleva 40 mil almas al Estadio Unico de La Plata y casi 25 mil cuando jugaba en Quilmes por la Copa Sudamericana, ingresó a la historia grande del club y casi sin chance de campeón.
Alcanzó un record de 10 triunfos consecutivos y todavía le da pelea al Boca de Ricardo La Volpe, que heredó una estructura de buenos jugadores que dejó Alfio Basile hace dos meses. Y como en los viejos tiempos, revive a un Verón como ídolo, algo que es privilegio de muy pocos.
Estudiantes, el de Diego Pablo Simeone como técnico y Juan Sebastián Verón como estratega adentro, igual logró el reconocimiento de todo el universo futbolero. Al “Cholo” la propia hinchada de Racing lo aplaudió el sábado en La Plata. Algo parecido, desde el fondo de la historia, al obtenido por aquél Lanús conocido como “Los Globetrotters” de 1956, del Juan Héctor “Nene” Guidi, José “Pepe” Nazionale, Dante “Mandrake” Lugo, Benito Cejas, Nicolás Daponte, Alfredo Rojas y José Manuel Ramos Delgado, entre otros.
Un equipo que no fue campeón, pero quedó en la memoria futbolera. Hace poco se cumplieron 50 años. El “Cholo” Simeone fue en la cancha lo que ha sido siempre en la vida: un luchador. Y hoy traslada ese estilo, su modo de interpretar el fútbol, como director técnico.
Estudioso, innovador, medido, mezclando el táctico con el pragmático según los momentos y la conveniencia. Como jugador, ya a los 18 años era un avezado volante en Vélez Sársfield. Nacido en 1970, un batallador “8” del equipo de Liniers era la promesa en 1988.
Ese mismo año Carlos Bilardo lo convocó para la selección mayor y lo llevó a una gira. En ese tiempo, también aprendía de Alfio Basile, entrenador de los de Liniers. Simeone jugó 82 partidos e hizo 14 goles antes de irse a Italia, donde la peleó en la Serie B con el Pisa. Más tarde, otra vez se cruzó el “Narigón” Bilardo en su destino: lo pidió para el Sevilla, mientras recuperaban a Diego Maradona, en 1992. Luego la rompió en el Atlético Madrid y el Inter lo pagó 8 millones de dólares.
Su gran ciclo lo tuvo en el “Aleti”, donde fue campeón en la 95/96 y figura en la Liga, con finales memorables en las copas europeas. Tenía 26 años, pero era un veterano. Luego vino el Mundial de Francia en 1998 y su etapa con Daniel Passarella y Américo Gallego como entrenadores. Era clave. Simeone dejó de ser jugador y fue el técnico de un Racing que había obtenido un punto de quince disputados en la sexta fecha del Clausura 2006.
Pasaron 8 meses y no sólo lo levantó -la gerenciadora prefirió como técnico a Reinaldo Merlo- sino que fue a Estudiantes lleno de ilusión. Un equipo ya armado -tras los ciclos del propio “Mostaza” Merlo y Jorge Burruchaga- que iba a tener, como refuerzo, nada menos que al experimentado Juan Sebastián Verón, al igual que Simeone, todo un símbolo.



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