La directiva futbolística argentina se ha reunido con representantes del Gobierno de ese país y han comenzado a sacarse, al fin, algunas conclusiones favorables en cuanto a la lucha contra la violencia. Dentro del terreno de juego, en tanto, ha ocurrido lo de casi siempre en este torneo: que gane el Boca, y que, en este caso, esté a punto de celebrar otro título.

El fútbol argentino, milagrosamente, volvió a la normalidad este fin de semana. La reunión llevada a cabo en la Casa Rosada -La Moncloa argentina- entre el jefe de gabinete, Sr. Fernández, y el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Julio Grondona, tuvo su esperado efecto. Al parecer, y una vez que se "repartieran" las ideas, el deporte nacional volvió a ser sano, seguro y apto para las familias y sus meriendas domingueras.

Ya no se habla de negociados mediáticos, la policía, vaya sorpresa, y sin reprimir a nadie, logra prevenir cualquier tipo de desmanes en todas y cada una de las divisiones del fútbol argentino. Seguramente, la riqueza de ideas y la repartición de las mismas, logró apagar los fuegos golpistas, las quejas mediáticas y los piquetes populares. Por fin, la ansiada distribución de la riqueza -no piense mal- de ideas tiene un desenlace positivo.

En cuanto al fútbol, el Boca Juniors está a un paso de convertirse en, por primera vez en su orgullosa historia, tri campeón consecutivo. En realidad, Boca está a un paso de la conquista desde hace ya mucho tiempo. Más allá de los vaivenes tácticos de La Volpe y de los debates ocasionados a partir de dos caídas muy poco comunes -Nacional en la Sudamericana y el clásico con River-, lo cierto es que este equipo consiguió muchísimos puntos, ganó por donde caminó y solamente la exquisita campaña del Estudiantes de la Plata, dirigido adentro del campo por Verón y afuera por Simeone, le impidieron al xeneize coronarse hace un par de semanas.

El domingo, le ganó al débil Colón de Santa Fe por 4-1, jugando a media máquina, sin despeinarse, apareciendo cuando quiso y liquidando el partido a placer. El conjunto santafesino, carente de jerarquía, y con esto quiero decir incapaz de ir a por el partido con valentía, fue sólo una piedra del calendario, nada más, porque en ningún momento hizo temer lo peor, más allá del empate transitorio, cuando el colombiano Hernández cambío penalti por gol.

Aún así, con toda la tranquilidad del mundo y la legitimidad que proporcionan las matemáticas, Boca Juniors en su versión La Volpe no es el mejor equipo del campeonato. Parece una locura pero es así para quien escribe estas líneas. El conjunto que mejor maneja las variantes que se presentan en un partido, que siempre ataca, que juega por abajo y que cree ciegamente en sus condiciones, no es otro que el Estudiantes de la Plata, con un mediocampo de fútbol y marca, con un muy buen portero y una delantera temible. El mérito del entrenador es incuestionable, su mano y su impronta son notables y notorias.

Seguramente, el próximo domingo, en Córdoba y ante Belgrano, Boca se erigirá como el nuevo -¿nuevo?- campeón del fútbol argentino, y estará bien porque habrá sacado una cantidad de puntos incuestionable, porque Basile lo dejó con 5 victorias en 5 partidos y porque La Volpe, entre tumbos y necedades, siguió sumando.

No se puede cuestionar esto, aunque en el futuro se avecine una pretemporada -quizás sin Gago- que desembocará en un nuevo torneo nacional y en la auténtica obsesión boquense, la Copa Libertadores de América. ¿Estará La Volpe a la altura?

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