Igualaron 0-0 en la cancha de Quilmes. El partido fue muy trabado y abundó el juego brusco. El árbitro Juan Pablo Pompei, de muy mal arbitraje, mostró 16 tarjetas amarillas y expulsó a 3 jugadores: Alvarez y Alayes, por el lado del local, y Aparicio en la visita.
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Estudiantes recibía a Banfield con la necesidad de un triunfo. Es que tras haber arrancado con todo el Apertura, con tres victorias al hilo, el equipo de Simeone tropezó con Belgrano y luego, en su visita a La Bombonera, se vio superado claramente por el campeón del fútbol argentino.

Enfrente, un equipo que, en los últimos tiempos, acostumbró a sus hinchas a pelear por cosas importantes pero que en este arranque de torneo acumuló más frustraciones que alegrías. Los escasos dos puntos acumulados en las cinco primeras fechas hablan a las claras que por el Sur algo no está saliendo bien.

El arranque fue muy bueno. Ambos equipos salieron decididos a no dejarse llevar por delante. Ezequiel Maggiolo, en quien confió Simeone para cubrir el puesto de Pavone, se movía con mucha libertad. Mientras, Verón, con menos responsabilidades defensivas, y Calderón trataban de juntarse para crear juego.

Banfield no se quedaba atrás. Con Lujambio y Cvitanich rotando por todo el frente de ataque y un mediocampo muy batallador, la visita se las arreglaba, sin hacer demasiado, para complicar al Pincha. Intentó el local romper esa verdadera muralla que propuso Leeb en la mitad de la cancha pero equivocó el camino: abusó del pelotazo y entonces el fondo del Taladro lucía firme como en sus mejores tiempos.

Tras un grosero error de Mariano Andújar, reemplazante de Herrera, lo tuvo Banfield. Pero, con el arquero a mitad de camino, Cvitanich tiró el centro al medio que nadie pudo conectar. Estudiantes no le encontraba la vuelta a la maraña táctica dispuesta por Leeb y, con el correr de los minutos, se llenaba de dudas.

Pero el panorama pareció simplificársele cuando llegó la prematura expulsión del uruguayo Aparicio, quien venía cumpliendo una aceptable tarea. Pero los dirigidos por Diego Simeone nunca pudieron hacer valer el hombre de más. Es que Banfield compensó la inferioridad numérica con el empeño que le imprimían los del medio, en especial Brown y Andrizzi.

Estudiantes intentaba acercarse al arco de Lucchetti pero lo hacía de manera desordenada, y con muchas ganas pero poco fútbol. Hasta que Pablo Alvarez se hizo expulsar: en poco más de un minuto, el ex Boca cometió dos infracciones que el estricto Juan Pablo Pompei no perdonar.

Sobre el final de la primera parte pudo irse en ventaja el local pero el cabezazo de Diego Galván fue bien tapado una vez más por Lucchetti. Más allá de esta posibilidad de gol, Banfield seguía jugando con los dientes bien apretados y no regalaba nada.

En el arranque del segundo tiempo, Simeone probó con el ingreso de Lugüercio en lugar de Maggiolo. Pero el fondo del Taladro estaba firme, con el libreto bien aprendido. Claro que había dejado de lado el ataque y apostaba todo a algún error del rival. Y luego, con la expulsión de Alayes –también por doble amonestación- a Estudiantes se le terminó por complicar todo.

Nada buena la actuación del árbitro Juan Pablo Pompei. 16 tarjetas amarillas y 3 rojas ponen en evidencia que el partido se le fue de las manos. Esta apreciación no intenta minimizar el juego brusco al que ambos equipos recurrieron, sino todo lo contrario. En un partido muy violento, el juez no supo imponer orden.

Para el final, no sólo hubo tiempo para que los hinchas del Taladro se la agarraran con el bueno de Leeb y para que la gente del local se quedara mascullando bronca. El empate fue justo: ninguno de los dos mereció llevarse más de un punto. Ahora, deberán mejorar mucho si es que quieren volver a sonreír.

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