A tres días de la goleada de Boca sobre San Lorenzo, se cumplen setenta y cinco años de la jornada en la que un Estudiantes-Lanús se terminó antes de tiempo por la gran diferencia en el resultado. Y por pedido de un rival...
“Borombonbón, borombonbón, es un afano, suspéndalo”. El cantito baja de cualquier tribuna que celebra una goleada de su equipo, dirigida en forma irónica a la parcialidad rival. La melodía se ha escuchado en una cantidad infinita de ocasiones, pero muy rara vez los responsables han hecho eco del pedido de la muchedumbre.
Una de estas situaciones ocurrió hace exactamente 75 años, en La Plata, cuando Estudiantes derrotó a Lanús (ver foto del equipo) por 8-0 y –seguramente- porque el partido no terminó.
Es que corrían 23 minutos del segundo tiempo cuando el capitán de Lanús, Edmundo Piaggio, le pidió al árbitro Lorenzo Martínez que diera por finalizado el encuentro, ante esa enorme diferencia imposible de remontar.
El juez hizo caso de la solicitud y, después de consultar con el capitán estudiantil, decidió ponerle fin al encuentro.
El domingo pasado, se dio otra de las históricas goleadas del fútbol argentino, pero con la diferencia sustancial de que el telón se bajó cuando el reloj del árbitro Gabriel Favale marcó los noventa minutos y moneda del tiempo reglamentario.
Otro de los contrastes se encuentra a la hora de repasar las campañas de los equipos en cuestión. La goleada del domingo se dio entre dos candidatos a pelear el título, con apenas cinco puntos de ventaja en favor del ganador de ese partido.
El encuentro disputado el 30 de agosto de 1931, en cambio, tuvo como protagonistas a dos equipos con campañas muy distintas: Estudiantes de La Plata finalizó ese torneo –el primero del profesionalismo- en la tercera posición (Boca fue el campeón) y tuvo el mayor potencial ofensivo del campeonato, además del máximo artillero (Alberto Zozaya, con 33 goles); mientras que Lanús terminó penúltimo, con la mayor cantidad de tantos en contra junto a Atlanta, que cerró la tabla de posiciones.
Además, por estos días muy pocos hinchas “granates” recordarán aquella triste tarde platense, algo muy distinto a lo que les sucede a los “cuervos”, que aún saborean la amargura de caer humillado ante el rival menos pensado.



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