Perdía 3 a 0, con goles de Soto, en dos oportunidades, una de penal, y Prado. Con mucho empuje el equipo de Burruchaga salió a jugar el segundo tiempo con otra actitud, descontó Calderón, dos veces, una de penal, y Pavone anotó el empate para que media La Plata sueñe. Los dos equipos habían debutado con una derrota en la Copa Libertadores.

Estudiantes se presentaba esta noche en el estadio de Quilmes con la intención de conseguir ante su gente la primera victoria en esta Copa después de caer (1-0) en el debut ante Bolívar en La Paz. Líder en el Clausura y atravesando por un buen momento, el Pincha recibía al Sporting Cristal de Perú con la idea fija: sumar de a tres.

Ni bien arrancó el primer tiempo, se vio al equipo de Burruchaga bien adelantado en el campo de juego, con Carrusca como conductor y los dos tanques adelante: Pavone y Calderón. Sin embargo fue el Sporting el que avisó primero, temprano, cuando se jugaban sólo dos minutos. Sergio Leal se le escapó a Carlos Araujo y el lateral de Estudiantes lo bajó. Fue en la línea del área, pero el árbitro lo cobró afuera y le mostró la amarilla al jugador Pincharrata, como para compensar por el penal no sancionado.

Más allá de una buena llegada de Pavone, en la que se sacó de encima a su marcador y metió un derechazo que Delgado sacó al córner, el que mandaba era el conjunto visitante, que empujaba por los costados con sus laterales. De todas maneras, lo de los peruanos se reducía a centros buscando la cabeza de Leal y Marczuk.

Pero en uno de esos tantos envíos aéreos, el paraguayo Núñez no tuvo mejor idea que salir a cortar el centro como un arquero y desviar la pelota. No hubo duda: fue un penal más grande que una casa, que esta vez, el señor Roberto Silvera debió cobrar. El Camello Soto tomó la pelota, la acomodó, levantó la mirada y metió su disparo contra el palo derecho de Herrera para poner al Sporting Cristal 1-0.

A partir del gol, se vio al peor Estudiantes. Los de Burruchaga se hicieron una ensalada con los peores ingredientes: impotencia y nerviosismo. Parecía que era aquel Pincha de finales de los 60, que metía, por lejos, mucho más que lo que jugaba.

Hasta que los jugadores bajaron un poco los decibeles, Leal tuvo una chance de aumentar la ventaja a los 25. El delantero recibió a espaldas de los centrales un pelotazo largo pero Herrera achicó bien y le ahogó el festejo.

Cada vez que el Sporting Cristal se decidía a atacar, Estudiantes defendía mano a mano. A los centrales les ganaban una y mil veces la espalda y no encontraban respuestas para el juego prolijo de los peruanos. Tanta diferencia había dentro de la cancha que debía reflejarse en el marcador. Y así fue, porque a los 32, Prado recibió un pase en profundidad y cara a cara con Herrera, le metió el famoso tres dedos al segundo palo.

Para colmo de males, y para redondear un primer tiempo del Pincha para el olvido, una pared entre Leal y Soto terminó con el Camello entrando como Pancho por su casa al área de Estudiantes y definiendo de caño ante la salida de un Herrera que miraba incrédulo cuando se jugaban 37 minutos.

Un cabezazo de pique al piso de Galván que dio en el travesaño, a dos del final, fue lo más peligroso del Pincha en ataque. Por eso, y por lo mal que marcó en defensa, el 0-3 con el que Estudiantes se fue al vestuario, fue más que justo.

En el complemento, Burruchaga sacó a Araujo y a Galván y mandó a la cancha a Cominges y Sosa, para colaborar en la creación con Carrusca. Pero en los primeros minutos, no hicieron más que amontonarse en el medio y chocar en cada maniobra en ataque.

Estudiantes, entonces, era sólo algún arranque de Pavone o Calderón, aunque siempre por el medio. De abrir la cancha y probar por los costados, ni hablar. Pero cuando los de La Plata más necesitaban descontar y menos llegaban, Norberto Araujo le dio una manito y quiso meter una chilena adentro de su propia área para despejar. Claro que le metió un tremendo patadón al hombre del Pincha que fue a cabecear y le hizo penal. Rápido, Calderón, con un remate suave y al ras del piso, acortó la diferencia.

Y ahí arrancó otro partido. ¿Estudiantes empezó a jugar mejor? No, ni mucho menos. Pero empezó a creer que podía ganar. Así, con más ganas que ideas, y empujado por su gente, puso contra las cuerdas a un Sporting que era un sombra de lo que había sido hasta ese momento. Ni hablar cuando Caldera, tras una pared con el Chelo Carrusca, metió un bombazo que se le clavó contra un palo para gritar con todo el segundo del Pincha a los 20. Quedaba tiempo para la remontada. Y mucho.

El partido, a esa altura era tan emotivo como desprolijo. Lo único que ofrecía el Pincha eran pelotazos al área y una cantidad incalculable de cabezas buscando un cocazo que le diera el empate heroico. A su favor tenía que casi los once hombres del Cristal defendían metidos en los últimos metros. Así, era difícil aguantar.

Y en una jugada por el costado derecho, una de las pocas veces que Estudiantes buscó desnivelar por las bandas, llegó un centro bajo. Un defensor la vio pasar, otro le pifió, y Pavone se encontró con la pelota en sus pies. Sólo tuvo que darse vuelta y patear al arco para marcar el empate que los platenses habían buscado con tanto amor propio.

Quedaban casi quince minutos por jugar y el Pincha no se conformaba con el punto. Entonces fue. Con ganas. Con ganas de llevarse un partido a la altura de aquellos viejos combates Pincharratas. Y lo consiguió, sin entregar buen fútbol, es verdad. El gol de Luguercio sobre el final, como no podía ser de otra manera, en una arremetida en medio de unos cuantos rebites dentro del área, desató el grito de las más de 20 mil personas que siguieron a Estudiantes en el estadio de Quilmes.

Estudiantes arrancó perdiendo y jugando muy mal. Pensando más en pelear y protestar que en jugar. Enfrente, había un equipo prolijo y laborioso, pero que no supo controlar la embestida de un Pincha ansioso por ganar aún sin mostrar buen fútbol y terminó perdiendo un partido que tenía en el bolsillo. El conjunto de Burruchaga, si quiere seguir adelante en la Copa, deberá mejorar, y mucho. Pero ahora, ¿quién le quita lo bailado?

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